Con los stocks mundiales de granos en sus niveles más bajos, este año no hay espacio para errores. Sin embargo, el clima y los costos están jugando en contra de la necesidad de alimentos del planeta.
Los actuales biocombustibles generan cada vez más dudas acerca de su viabilidad y su impacto medioambiental. Sin embargo, nuevas investigaciones realizadas por un biólogo en la Universidad de Washington, Bothell, demuestran que algunos de los actuales stocks de biocombustible más populares podrían tener el impacto exactamente opuesto a lo pretendido, en el estudio se observaron factores tales como la energía necesaria para producir una fuente de combustible renovable en comparación con cuánta energía se produce, el impacto sobre la fertilidad del suelo y los efectos sobre la oferta alimentaria. Por ello, diversos proyectos tecnológicos en todo el mundo están trabajando en el desarrollo de una segunda generación de biocombustibles que contrarreste estos inconvenientes. Las posibilidades en cuanto a materias primas y tecnologías son diversas, y los expertos creen que en los próximos años podrían estar ya en los depósitos de nuestros vehículos.
La diferencia fundamental de los nuevos carburantes de segunda generación (2G) con respecto a los actuales es que se van a elaborar a partir de mejores procesos tecnológicos y materias primas que no se destinan a la alimentación y se cultivan en terrenos no agrícolas o marginales. De esta manera, la polémica generada por los actuales de sustituir alimento por carburante quedaría zanjada.
Hoy se plantea la disyuntiva entre producir granos como alimentos o como materia prima para energía, ¿los biocombustibles de segunda generación vendrían a zanjar esta diferencia?
–Totalmente. Permitirían utilizar desperdicios agrícolas como materia prima y obtener combustibles de alta calidad. Además, los biocombustibles de primera generación tendrán competencia por la materia prima con el impacto que ello representa para los costos. Su desarrollo no sólo favorece al medio ambiente, a través de una mejora en la reducción de emisiones contaminantes.
Debemos comprometernos a que el desarrollo de los biocombustibles, que tantos beneficios traen en diversos campos, bajo ningún punto de vista sirva para empeorar lo que entre todos todavía no hemos podido resolver en el mundo" el problema del hambre".